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sábado, 23 de julio de 2011

La intromisión de Sandoval Iñiguez en política.

Los sacerdotes de culto de cualquier Iglesia están obligados por la ley a abstenerse de usar su ministerio para emitir opiniones políticas. Esto es un principio que preserva el carácter laico del Estado y permite la convivencia del Estado con las Iglesias.

Sin embargo, la Iglesia católica mexicana persiste en la violación de estas normas de convivencia y no sólo eso, el obispo de Guadalajara de apellidos Sandoval Iñiguez apeló a la intervención extranjera para que se impidiese que un ciudadano mexicano, el candidato de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador llegase al poder si el voto democrático de los mexicanos lo decidió.

Por eso reproducimos una nota que dejó un forista de nombre Jaime en nuestro foro de discusión en Google:

A lo que puede verse, la candidatura presidencial encabezada en 2006 por Andrés Manuel López Obrador obtuvo muchas más reacciones que la puesta en marcha de una virulenta campaña propagandística que intoxicó el ambiente político de hace un lustro y que se basó en la caracterización del tabasqueño como un peligro para México. El cable difundido recientemente por Wikileaks, según el cual el obispo de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, pidió al gobierno estadunidense frenar el avance del entonces candidato de la Coalición por el Bien de Todos, permite ponderar el rechazo que provocó en la jerarquía católica la perspectiva del arribo al poder de un proyecto político de izquierda y con contenido social; su temor a un cambio, así fuera mínimo, en el actual modelo económico, y su disposición a jugar un papel más importante en las elecciones de hace un lustro.

Por añadidura, en el citado documento se pone en relieve el peligroso alcance de las ligas políticas que ha logrado tejer la Iglesia católica con autoridades seculares dentro y fuera del país; su determinación para operar políticamente a niveles que trascienden las fronteras nacionales y la falta de escrúpulos de algunos de sus integrantes a la hora de fijar y defender sus posturas e intereses relacionados con los asuntos terrenales.

Es inevitable percibir, en la referida petición (¿o exigencia?) del prelado jalisciense, algo más que el proverbial celo apostólico y el paternalismo con que los altos jerarcas eclesiásticos han pretendido orientar a su feligresía en asuntos electorales: desde las prohibiciones explícitas para sufragar por el Partido Comunista tras su legalización, a finales de la década de los 70, hasta los recientes pronunciamientos por respaldar opciones partidistas que defiendan la vida y los valores familiares, pasando por la recurrente proclama, surgida en tiempos del salinismo, de que no votar es pecado. La solicitud del religioso para que el gobierno de George W. Bush intercediera en el proceso electoral de hace un lustro en contra del político tabasqueño constituye, además, un intento inadmisible por involucrar a un gobierno extranjero en asuntos que corresponden exclusivamente a la voluntad de los mexicanos, y una invitación ominosa a subvertir la soberanía nacional que remite inevitablemente a lo ocurrido tras la guerra de Reforma, cuando el derrotado bando conservador y la jerarquía católica, inconformes con el gobierno juarista y con la Constitución liberal de 1857, ofertaron el inexistente trono de México a un príncipe europeo: Maximiliano de Habsburgo.

En un pleno estado de derecho, la conducta de Sandoval Íñiguez ameritaría ser esclarecida, investigada y, en su caso, sancionada conforme a la ley. Pero el cardenal jalisciense es respaldado por un historial de impunidad que lo mismo lo ha librado de acusaciones por proselitismo político y vulneraciones a los principios legales que consagran el carácter laico del Estado, que de acusaciones por lavado de dinero, malversación de limosnas y protección de curas pederastas. Desde esa posición, Sandoval ha ejercido una amplia influencia política en su estado natal, ha acusado sin pruebas al Estado mexicano por el asesinato de su predecesor, Juan Jesús Posadas Ocampo, y ha propalado en falso la versión de que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se dejaron maicear por el Gobierno del Distrito Federal durante la reciente discusión sobre la constitucionalidad de los matrimonios del mismo sexo, todo ello sin ser llamado a cuentas por las autoridades correspondientes.
Semejante historial resulta desesperanzador, pues abre la posibilidad de que la conducta relatada en los cables de Wikileaks permanezca impune, para infortunio de la vida política y democrática del país y para mayor descrédito y desgaste de una administración calderonista que, paradójicamente, ha sido, junto con la foxista, la más afín y cercana a la Iglesia católica en el último siglo y medio.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La derecha en el poder no ha sido democratica.



Porfirio Díaz cayó en la tentación de un poder absoluto, no democrático. La Iglesia católica mexicana ha estado siempre en el apoyo del poder, el liberalismo dejó de ser revolucionario.

Cuando Díaz concedió la entrevista a James Creelman se sinceró por primera vez al decir como veía a los mexicanos. Se semtía el buen padre que debía educar a sus hijos, porque estos eran rijosos y no se sabían comportar. No era el pueblo el que debía tener la soberanía de elegir a sus gobernantes, era el gobierno y el Estado quienes deberían velar el buen sentido. Pero a inicios del siglo XX era un dictador cada vez más viejo, cuya edad hacía dudar hasta los obedientes al sistema, si el régimen político garantizaría la paz social una vez que Porfirio muriera.

El liberalismo ya había renunciado a hacer progresar a la sociedad. Su progreso se basaba en la construcción ferroviaria, una red que de manera impresionante cruzaba el territorio nacional, se basaba en la inversión extranjera, en la explotación de los recursos naturales, en los tratos con la Iglesia, en el establecimiento de una minoría beneficiada y el crecimiento de una clase media.

Ayer como hoy el liberalismo se apoyó en la creencia de que el crecimiento económico y en la extensión del mercado eran sufciente como para traer por sí solos el beneficio a la población. Venció el bandolerismo sobre la práctica de asesinarlos, corriendo el "riesgo" de que se fueran inocentes. No fue la justicia, sino la represión pura, lo que terminó "solucionando" al crimen en ese entonces. El liberalismo no apuesta a resolver de fondo los problemas, sino a contener a las clases sociales.

Frente a Creelman confesaba que se sentía el Papá de todos, pero frente al norteamericano, echaba un poco de crema a sus tacos, queriendo dar imagen de "benevolente" al decir que ya les daría la libertad a estos mexicanos. Frente a un periodista que venía de un país que no era una dictadura, que tenía una tradición democrática, Días le dio la nota al decir que había llegado el momento de dejar el poder y que respetaría la aparición de una oposición electoral que contendiera democráticamente, lo vería como una "bendición".

Ya en esos momentos los magonistas se habían batido en combate militar contra el régimen y habían sido derrotados. Expresaban la respuesta de un pueblo exasperado por la crisis de 1905, que había dado las huelgas de 1906 y 1907. Esteban Baca Calderón y los líderes de la huelga de Cananea estaban en San Juan de Ulúa, Ricardo se encontraba a salto de mata en los Estados Unidos. El régimen había logrado barrer a los opositores, pero no sus enseñanzas en los sectores sociales. Sólo la clase media estaba ya en posibilidades de articular a una oposición coherente al régimen.

Curiosamente la Iglesia católica había realizado la contraofensiva contra el radicalismo y fundado la Doctrina Social de la Iglesa. Desde luego no se tradujo en este momento en el Yunque y en la bola de mafiosos y haraganes que ahora conocemos, sino en el intento de la formación de sindicatos, de cajas de ahorro y de cooperativas. Esa veta los llevaría a la formación del Partido Católico Nacional cuya actuación desafortunada al apoyar a la dictadura de Victoriano Huerta, terminó con su propia existencia.

El agravio de Díaz contra los pobres del país era cada vez mayor. Los gobernantes cuando agravian al pueblo, cuando matan a los más pobres porque se atrevieron a alzar la voz, se olvidan de que el Estado es un conjunto de instituciones destinadas a amortiguar los conflictos sociales y que al anularlas y al sacar del juego social a sectores, los inclinan a la rebelión cuando llega el momento. Los muertos de Cananea no son diferentes a los muertos de San Salvador Atenco, los agraviados no olvidan jamás el despojo y a sus muertos, o aprisionados. ¡Siganle echando años a Ignacio del Valle, eso aumenta el agravio y abre las heridas, incuban la rebelión. El Estado debe dar salida a los conflctos sociales, no dejar que se acumulen.

En la sociedad siempre han existido sectores moderados que inclinan la balanza del progreso, Francisco I. Madero creyó a Porfirio Díaz, provení de una derecha moderada que creía en la democracia como forma de gobierno. Madero no deseaba violentar al régimen, pero quería cambios. Había escrito un texto llamado La sucesión presidencial de 1910 libro en el que proponía un proceso de transición democrática después de la dictadura. Su intención era reformar por dentro el porfiriato, sin violencia en una transición pacífica. Pero cuando los cambios dependen del poder y no de la sociedad, el poder solo busca perpetuarse.

Madero emprendió la construcción de una oposición legal pacifica cuyo crecimiento se debió a que e régimen lo menospreciaba. Nadie lo había desafiado pacificamente y por lo tanto confió en que sus mecanismos de control harían a Madero naufragar en el proceso. Pero Madero hizo algo que Díaz no había hecho, tomó el ferrocarril y fue a visitar las comunidades más distantes del país, habló directamente con la gente, les expuso sus ideas. Al final este acto de atención que jamás había tenido un político con la exepción de Juárez, y Juárez obligado por las circunstancias de su huída.

En la campaña, Madero y el Partido Antireeleccionista había levantado de tal manera su candidatura que el régimen de Díaz comenzó a preocuparse. "Cortaron" por lo sano, en el mitín de Monterrey acusaron a Roque Estrada de haber insultado al Presidente Díaz y fueron a arrestarlo, Madero opuso resistencia al arresto de su secretario y ambos fueron a parar a prisión. Las gestiones de la famila Madero, lograron que se impusiera a Madero el arraigo en San Luis Potosí. Madero se enteró en esa ciudad que le habían cometido fraude electoral. Díaz resolvió así su permanencia en el poder.

En política se quieren hacer fórmulas que son válidas en las coyunturas, pero que cuando las coyunuturas cambian ya no son eficaces. Las baricadas, la rebelión, no es una fórmula válida en todo momentoy lugar, pero lo son cuando las condiciones las hacen válidas porque no existe otra salida. No se puede estar descalificando formas de lucha. En San Luis Potosí, Madero entendió que la transición democrática en México no tendría una salida pacífica, por la sencilla razón de que Díaz no había entendido que el Estado es un organismo social destinado a preservar la paz, pero dicha paz no se preserva sin la regulación del propio Estado por la sociedad. La derecha responsable entendió que la única manera de lograr la democracia en el país era la rebelión armada y entendiendo esto, Madero huyó del país y redactó el Plan de San Luis. Llegó en el momento en el que el pueblo de México estaba cansado, los más sorprendidos fueron el Gral. Díaz y la sociedad porfirista. La derecha responsable, asumió más a fondo la responsabilidad, se unió con la izquierda, una vez más para hacer los cambios sociales que requería el país.